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Es decir, no se puede afirmar que se tiene poca o demasiada frecuencia sexual si no es mediante una opinión, pues en este caso la normalidad, la exageración o la escasez dependen de nuestras necesidades.

 

Cómo saber si la frecuencia sexual es normal
Cómo saber si la frecuencia sexual es normal

Suele ocurrir que cada miembro de la pareja tenga una sensación distinta al respecto, y lo que a uno de parezca una exageración para el otro sea algo normal. ¿Pero, entonces no hay una medida considerada normal para valorar la cantidad de encuentros sexuales? Lo primero que hay que tener claro es que cada persona tiene necesidades distintas en cada momento o etapa de su vida y también con respecto a los demás.

Otra cuestión es que esas necesidades coincidan más o menos con la pareja, pues precisamente de la posible diferencia es de donde vienen los problemas a la hora de lograr una relación satisfactoria en el terreno sexual. Pero ésta sería, por lo tanto, un asunto distinto, que tendría  más que ver con la compatibilidad y no tanto con la normalidad o anormalidad.

Necesidades sexuales diferentes

Así pues, cada uno de nosotros tenemos necesidades sexuales distintas, que vienen determinadas por una serie de factores, como los biológicos (cantidad de testosterona) o, por ejemplo,  el estrés al que podamos estar sometidos. Así, la actividad amorosa dependerá de todos ellos, dando como resultado una frecuencia distinta que siempre será normal si consideramos que viene motivada por ese conjunto de factores.

Lo importante para armonizar las relaciones sin que surjan situaciones de agobio es tan sencillo como hablar del tema. La comunicación es importante para analizar la situación y ver si realmente se está dejando el sexo siempre en último lugar por el agobio del día a día o si realmente se tienen necesidades distintas en cuanto a frecuencia.

Una solución inteligente que puede solventar el problema en casos no coincidentes es la sustitución de la cantidad por la calidad, si bien hay que tener en cuenta que las parejas normalmente experimentan momentos más bajos por distintas causas, por lo que si antes éramos más activos quizás se deba a la rutina o a una etapa que pronto pasará.

Para aumentar la frecuencia sexual también puedes intentar combatir los problemas que pudieran haber generado la disminución de las ganas en uno o en ambos miembros de la pareja. En algunos casos podría requerirse ayuda de profesionales (sexólogos, psicólogos o psiquiatras) y, sea como fuere, siempre ha de haber una comunicación fluida, afectiva, en la que nadie eche las culpas a nadie. Y evitemos las comparaciones, porque no llevan a nada y porque, sobre todo, lo  importante somos nosotros.

 

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