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La adicción al sexo puede parecer algo obvio, pero lo cierto es que no siempre es fácil distinguir entre un comportamiento patológico de otro que no lo es. Hacerlo, sin embargo, es importante. ¿Cómo distinguir un caso de otro? Del sí al no hay diferencias sustanciales, y conocerlas es lo que nos permite identificar el problema, saber que las cosas no van bien y buscar ayuda.

ADICTO AL SEXO



En muchas ocasiones, en efecto, la persona adicta al sexo tiene un comportamiento similar al de otra que disfruta del sexo a menudo, pero sin ser adicto. Y no solo es el comportamiento, sino la mejor o peor sensación que tengan tanto esa persona como otras con respecto a su posible adicción, como su familia, amigos o “amantes”.

Cuando el sexo es motivo de preocupación

Afortunadamente, hay sustanciales diferencias que puedes identificar fácilmente a partir de algunas claves que vamos a darte en este post.

Son características o circunstancias vinculadas a aspectos muy evidentes de la vida de una persona, tres puntos a partir de los que empezar a preocuparse o para todo lo contrario:

1. No hay vínculo afectivo: No es una buena señal que el sexo se practique de forma asidua y éste no implique vínculo afectivo, es decir, no es con la pareja ni con amigos con derecho a roce sino con desconocidos o con personas por las que se siente indiferencia o incluso sensaciones negativas. Sobre todo, resulta preocupante cuando además se cumple alguno de los siguientes puntos.

2. Te impide llevar una vida normal: Empieza a preocuparte cuando además hay ocultación, mentiras, una conducta irreprimible a pesar de las consecuencias negativas que conlleva y, en fin si la búsqueda de sexo lleva a tener problemas económicos y familiares, además de provocar una sensación de aislamiento y vacío.

 3. No puedes controlar el impulso sexual: Tampoco es buena señal que tanto los encuentros íntimos con personas como la masturbación sean placenteros solo momentaneamente, y vengan acompañados de sentimientos de culpabilidad por no haber podido reprimirlos. No se trata de tener que reprimirlo, sino de ser incapaz de hacerlo.

 

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