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La pasión salvaje es todo un clásico en materia sexual, casi un tópico en casi cualquier película de cine que aspire a hacer saltar las chispas más fogosas de su historia de amor. ¿Pero, y en la vida real? Por descontado, en nuestro día a día también puede haber locura y desenfreno sexual en la cama… o fuera de ella.

 

La pasión salvaje
La pasión salvaje

Tener relaciones íntimas llenas de una pasión salvaje puede ocurrir tanto de forma espontánea como, por qué no, también un poquito planificada. Para ayudarte a llamar a esta bendita locura, te presentamos las siguientes tres posturas sexuales,  el empujoncito que quizás necesitas para sacar el león o la leona que hay en ti. ¿Qué, te atreves?

Lógicamente, la actitud felina en la cama o, lo que es lo mismo, la expresión de un deseo que nos desborda hace que cualquier posición sea pasional y salvaje. Somos nosotros, la pareja en sí, la que la convierte en tal cosa. E idéntica cosa podríamos decir de un simple beso o de una mirada. Sin embargo, en este post hemos seleccionado posturas que, simplemente, crean una atmósfera propicia.  Son las famosas posturas del Kamasutra conocidas como La Profunda, El Deleite y la Mariposa.

Amor carnal al rojo vivo

La Profunda es una postura perfecta para amantes apasionados, en la que el placer es máximo y el orgasmo llega fácilmente. En esta posición, la mujer se tumba y levanta las piernas, él la penetra mientras ella apoya sus piernas sobre los hombros de él. Así logramos una penetración total, que roza las nalgas de la mujer y acaricia el clítoris.

El Deleite se consigue con ella al borde de la cama y  él arrodillado, con el pene a la altura de la vagina.  Durante la penetración, ella lo abraza con las piernas mientras él la sujeta con sus brazos o acaricia sus senos. Esta postura se presta mucho a susurrarse al oído.

La Mariposa, en tercer lugar, es una postura en la que ella se sienta sobre el hombre, que la recibe con las piernas abiertas y apoyado sobre sus manos. Entonces la mujer arquea el cuerpo hacia atrás, apoyándose también con las manos, moviendo ambos sus pelvis de forma circular, cada uno en sentido inverso al otro. El movimiento puede alternarse con un vaivén de la mujer, realizado gracias al impulso de sus mismas piernas.

 

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