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A partir del uso perverso de la psicología de masas combinada con las reglas básicas de la propaganda cuyo súmmum fue alcanzado en la Alemania nazi, temas de vital importancia para las personas y los pueblos, son ocultados o cuando menos disminuidos en su importancia.

 

jornaleros

Cuando un grupo en el poder, consideró el momento de justificar la entrega total de la patria a intereses ajenos mediante la promulgación de leyes, normas y reglamentos a modo, las ondas de todo tipo nos saturaron con cifras de muertos, desaparecidos, desempleados, políticos corruptos e invitaciones para no hacerle el juego a los malos disponiéndonos a votar, en vez de anular.

Por el hartazgo del desgastado mensaje de los adversarios, los niveles de adrenalina bajan, la conducta individual -sin el estímulo de factores irracionales externos- cataliza lo colectivo que deja de ser muy extremo y por ende el individuo empieza a tomar conciencia de que lo han reducido al grado de marioneta crédula, sugestionable e impulsiva. ¿Ha vivido uno de esos días, en que parece haberse convertido en el blanco de todos los automovilistas histéricos? ¿Se percata de cómo en un grupo de más de 10 personas todas coinciden en atacar, el partido al cual Usted pertenece, la religión en la que cree e incluso el hecho de ser mujer? Bueno, las masas sean mínimas o multitudinarias, permanentes o temporales, casi siempre se dejan llevar por el subconsciente y entre más grande sea el anonimato más fácil es sacar todo lo que individualmente daría vergüenza expresar.

Ahora que hay más espacio para el análisis, viene a mi mente esta reflexión: “el peonismo, o sea la esclavitud de hecho o servidumbre feudal, en que se encuentra  el peón jornalero, sobre todo el enganchado del sureste del país…. Debe desterrase por medio de leyes….que deben tender a librar a los pueblos de la condición de prisioneros en que se encuentren, encerrados y ahogados dentro de las grandes haciendas”.

Por supuesto esto no es discurso de ningún miembro del gabinete del actual presidente de México, ni tampoco es la oficiosa declaración de un mandatario extranjero refiriéndose al trato que dan a los migrantes algunos propietarios de grandes fincas en los Estados Unidos o Canadá, se trata de uno de los grandes juristas mexicanos, políglota, poeta, periodista, luchador social, quien al dirigirse en un largo discurso a los diputados, los arenga para ser parte de la reconstitución de los Ejidos de los pueblos como medio de suprimir la esclavitud del jornalero.

La obra de Luis Cabrera, debiera de ser una lectura obligada, para todos los que pretenden representar a los ciudadanos en el poder legislativo, ¡Vamos! cuando menos los que se inscriben como parte de las comisiones que tienen que ver con derechos humanos, propiedad  de la Nación y las dedicadas a conducir la vida política de México que hoy, al igual que entonces, pretenden resolver lo importante con soluciones ingenuas. Nos echa en cara el autor lo que es la norma para el gobierno mexicano: “Tratar de hacer un negocio de lo que se considera una necesidad nacional”. ¿Le parece comunismo, idealismo o utopía? Muchos pueden decir que es la romántica idea de quienes por haber superado la sexta década de vida, creemos que los tiempos pasados fueron mejores; otros quizá nos tachen de inmaduros por habernos quedado atorados en pensamientos como el de este ilustre poblano que sin dejar de entender lo que significa ser institucional, siempre se condujo con libertad de pensamiento, aun cuando su punto de vista pudiera incomodar a las más altas esferas del poder.

Repetir una maldición, aun cuando no se tenga la intención de lastimar a nadie, no es justificable expresó y escribió infinidad de veces, Don Luis Cabrera Lobato, señalando los múltiples errores de “soñadores” incapaces de entender que el problema no era repartir la tierra individualmente a personas –ricas o pobres– sino a grupos sociales. Pero hoy la ingenuidad se ha transformado en auténtica perversidad.

Recién nos dicen con bombo y platillo que la vocación de la tercera sección del bosque de Chapultepec, nunca ha sido la de parque recreativo con albercas y reservas de animales acuáticos. Se dice que reforestarán esas decenas de hectáreas, depredadas, para que Chapultepec siga siendo el pulmón de la ciudad, ¿Harán los mismo con los bosques Tláhuac o el Ajusco? ¿Cuál será la reacción de los constructores a los que se les permite talar a diestra y siniestra para construir ciudades verticales? Y más aún la SEDATU –conocida por muchos como la inmobiliaria más impune en la república– ¿dará a los jornaleros de San Quintín, condiciones de vida y trabajo para regresar a sus tierras y desarrollarse sin esclavitud y explotación?

 Cumplir la meta del milenio de erradicar el hambre en nuestra patria no es cuestión de reconocimiento internacional; ni disminuir las emisiones que han provocado el cambio climático se reduce a presencia de comitivas en Perú, Alemania o Paris.  Una auténtica política en favor de México, supone volver a producir cereales, frutas, hortalizas, exportar piñas en vez de traerlas de Hawai, satisfacer el consumo interno de azúcar o arroz, en lugar de sujetarnos a lo traído de oriente. En suma, más allá de simplemente discursear sobre el empleo o satanizar las empresas explotadoras, los responsables de la gestión pública deberían pensar bien en las “reivindicaciones” que no significa fomentar la simulación y la flojera, de gentes acostumbradas a la expresión demagógica.

Nuestros jornaleros de Guerrero o Oaxaca, tienen derecho a comer, a que se les suba el ingreso, sin fraudes de jornal como dijo Luis Cabrera- pero lo más importante tienen derecho a ser tratados como personas y no como bestias de carga tal cual hemos visto se hace aun con niños de muy corta edad.

 

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